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¿Cuáles fueron los logros y los fracasos de Republica Dominicana en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio? ¿Qué viene después?

 

Fanny Vargas
Coordinadora Unidad Políticas Públicas

 

Santo Domingo, 1 de febrero de 2015

El fin del plazo de cumplimiento de los Objetivos del Milenio conlleva dos tareas de importancia. En primer lugar es necesario evaluar el desempeño de República Dominicana en la consecución de los compromisos asumidos con la firma de la Declaración del Milenio; en segundo lugar, es necesario responder las preguntas, ¿qué viene después?, ¿cuáles son las pautas a seguir por la comunidad de naciones que busca mejorar la vida de los seres humanos?

Los ODM fijaron metas medibles en un horizonte de tiempo definido y obligaron a los gobiernos a definir políticas de mediano y largo plazo para enfrentar la pobreza y alcanzar un mayor desarrollo humano. Los objetivos elegidos fueron ocho, cada una con varias metas asociadas a indicadores que medían el progreso alcanzado.

Mundialmente, la efectividad de los ODM ha sido cuestionada. De acuerdo con el Reporte de los Objetivos del Milenio (ONU, 2015), aunque desde 1990 se han registrado fuertes descensos en la pobreza extrema en países en desarrollo (de 49 a 14%), en la proporción de gente desnutrida (disminución de casi 50 %), la tasa de mortalidad infantil (cayó en más de la mitad) y la mortalidad materna (descendió 45 %), todavía persisten los viejos males. No se erradicó la pobreza extrema, existen fuertes desigualdades socioeconómicas y de género, la degradación ambiental continúa y el cambio climático parece ser indetenible. También se cuestiona cuánto del progreso registrado corresponde a los ODM, y no a fenómenos como el faraónico crecimiento económico de China, el aumento de los precios de los commodities que exportan los países en desarrollo y las políticas de asistencia social que se han diseminado por Latinoamérica y Asia, como las transferencias condicionadas. Otros sí insisten en que los ODM sirvieron para concentrar esfuerzos en los gobiernos sobre puntos críticos que afectan la vida de los más vulnerables y que funcionaron como herramienta para presionar a gobiernos rezagados en los trabajos de desarrollo humano.

Las secciones siguientes presentan de forma breve los resultados de República Dominicana al final de 2015. Luego se discute brevemente la Agenda Post 2015 y el nuevo camino de los esfuerzos mundiales para lograr el desarrollo: los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

La meta 1.A era reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de la población por debajo de la línea nacional de extrema pobreza, lo que representaba llevar la cifra de la población que vive en tales condiciones de 8.1 % en el año 2000 a 5.4 % en 2015. En el Informe de Seguimiento 2013 publicado por el MEPyD se advertía que la pobreza extrema disminuía a un ritmo muy lento como para cumplir la meta: se proyectaba una proporción de 8.4 % a fin de 2015, una cifra mayor que la reportada en el año 2000.

Sin embargo, en 2015 el MEPyD publicó el Boletín de Estadísticas Oficiales sobre la Pobreza Monetaria en el que actualiza las estimaciones y encuentra que se ha producido un marcado descenso en la pobreza extrema. El boletín advierte que la tendencia a la baja de la pobreza inició en marzo de 2013, y para marzo de 2015 la proporción de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza extrema se estimaba en 5.8 % de la población, equivalente a 600,405 personas. Ello significó una reducción de 2.8 puntos porcentuales con respecto a la tasa de 8.6 % observada en marzo de 2014.

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Estas cifras fueron criticadas por diversos sectores de la opinión pública, pero de corroborarse con los otros indicadores complementarios en el transcurso de este año significarían el logro de la primera meta. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) está de acuerdo con esta estimación, según declaró la representante adjunta, Luciana Mermet (7 días, 2016).

La meta 1.B era lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, incluidas las mujeres y los jóvenes; sin embargo, los datos muestran que no se logró progreso significativo en esta meta: la tasa de ocupación muestra poca variación, promediando 47 % durante el período 2000-2013, mientras que la brecha de género en la ocupación es de 27.1 puntos porcentuales. El desempleo, a su vez, se ha mantenido estático, con una ligera tendencia al alza: en 2010 fue 14.1 %, en 2011 de 14.6 % y de 15.1 % en 2012. La tasa de desempleo de los hombres fue 10 % en 2012, mientras que entre las mujeres fue de 20 %, y para los jóvenes de 31.2 %.

La meta 1.C era reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que padecen hambre. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) reconoció en 2011 que el país logró reducir a 15.4 %, la proporción de personas cuyo consumo de alimentos está

por debajo del requerimiento mínimo de energía alimentaria, por lo que se considera lograda la meta ODM, que establecía una tasa de 15.2 %.

2. Lograr la enseñanza primaria universal

La Meta 2.A buscaba asegurar que en 2015, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de la enseñanza primaria. Esta meta no se ha cumplido a cabalidad, pues la matriculación en la enseñanza primaria se ha mantenido en torno al 95 % en los últimos 10 años, con mínimas diferencias entre el campo y la ciudad. Sin embargo, la tasa de terminación de la educación hasta el octavo, aunque ha aumentado considerablemente, no garantiza la universalización de la enseñanza primaria. En 2010 la tasa de terminación en el sector público era 76.1 %, y se proyectaba que en 2015 dicha proporción podría llegar a 86 %, o mantenerse estática. Por último, la tasa de alfabetización en la población juvenil (15-24 años) era de 96.9 % en 2009 y 97 % en 2012, lo que muestra poca variación. Habría que esperar a que finalice el programa nacional de alfabetización “Quisqueya Aprende Contigo” para saber qué proporción de esta población iletrada logró aprovecharse del programa.

3. Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer

La meta 3.A requería eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y en todos los niveles de la enseñanza, a más tardar en ese mismo año. Para esto era necesaria la paridad de género en la matriculación. En el nivel primario, el índice de paridad de género fue de 95 % en 2012, pero sin alcanzar niveles de paridad (97 % a 103 %). La relación se revierte en los niveles de secundario y de enseñanza superior: las mujeres superan a los hombres. En 2012 el IPG fue 118 % en la educación secundaria y 150 % en la superior.

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Otros indicadores de avance en este objetivo son la proporción de mujeres con empleos remunerados en el sector no agrícola y la proporción de escaños ocupados por mujeres en la Cámara de Diputados. Ambos han aumentado desde el año 2000, aunque a un ritmo lento. La participación de las mujeres en el empleo no agropecuario pasó de 38.6 % en 2000 a 41.2 % en 2011, lo que significa que el mayor nivel educativo logrado por las mujeres no se ha traducido en un acceso a más y mejores empleos. Este nivel de participación femenina en la fuerza laboral es inferior al promedio de 44 % estimado en 2011 para América Latina y el Caribe. En tanto, la representación política se mantiene sin cambios desde 2010: la proporción de mujeres en el Senado es 10.3 %, en la Cámara de Diputados es 20.8 % y en las alcaldías, de 7.7.

4. Reducir la mortalidad infantil

La meta 4.A era reducir en dos terceras partes, entre 1990 y 2015, la mortalidad de los niños menores de cinco años. El desempeño del país ha sido insuficiente para cumplirla, a pesar de que se redujo en 55 %. La mortalidad por cada 1,000 niños nacidos pasó de 59.7 % (1990) a 27.1 % en 2012, y de acuerdo con cálculos de ENDESA 2007, se estima una tasa de 24.2 % al año 2015, pero la meta era llegar a 21.7 %. La mayor dificultad para cumplir esta meta es la alta tasa de muerte neonatal e infantil (de 0 a 1 año), que se ha reducido a un ritmo más lento que la tasa general de niños menores de cinco años.

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5. Mejorar la salud materna

Relacionada con el objetivo 4, la meta 5.A era reducir en tres cuartas partes, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna. En 1991, la tasa de mortalidad materna fue de 187.6 muertes por cada 100,000 nacidos vivos, superior al promedio de América Latina y el Caribe (180 en ese año). Para el quinquenio 2002-2007, ENDESA estimó la cifra en 159 defunciones maternas, lo que equivale a una reducción de 15 %, comparado con 1991. La tasa continuó decreciendo a un ritmo promedio de 1 % anual, por lo que para 2015 se proyectaba en 141.5 muertes por nacidos vivos, muy superior a la meta de 46.9.

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La meta 5.B consistía en lograr, para 2015, el acceso universal a la salud reproductiva. Aunque se registran avances, queda mucho trabajo pendiente. El uso de anticonceptivos ha aumentado, situándose en 73 % de las mujeres con pareja. Sin embargo, los tipos de anticonceptivos usados son limitados, debido posiblemente a dificultades de acceso y carencia de información, sobre todo en la población más pobre. La esterilización femenina sigue siendo el método más frecuente, que abarca al 65 % de todas las usuarias de métodos anticonceptivos. Otro aspecto deficiente es el embarazo en adolescentes, que permanece una crisis silente en el país: el 23.3 % de las adolescentes de 15 a 19 años ha estado alguna vez embarazada y el 35.5 % de las jóvenes de 19 años ya es madre.

6. Combatir VIH/sida, paludismo y otras enfermedades

La meta 6.A era haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015, la propagación del VIH/sida. Esta meta se ha cumplido. La tasa de incidencia del VIH/sida, es decir, la cantidad estimada de nuevas infecciones del virus por año por cada 100,000 personas, pasó de 5.2 % en 2001 a 1.6% en 2012, una reducción de 69 %. En cuanto a la tasa de prevalencia en la población de 15-24 años, a partir del inicio de la pasada década se registró una clara tendencia a la baja: pasó de 0.64 % en 2001 a 0.31 % en 2009. Por último, la letalidad se redujo en 50 % entre 2007 y 2011, y la proyección para 2015 era que continuara descendiendo.

Según las estimaciones, la meta 6.B, lograr ‒para 2010‒ el acceso universal al tratamiento del VIH/sida de todas las personas que lo necesiten, fue cumplida en 2015: la cobertura de antirretrovirales para la población que vive con VIH era de 90 % en 2012 y tendía al 100 % para el final del plazo.

La meta 6.C involucra el control de otras enfermedades. Se buscaba haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015, la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves. La incidencia de malaria aumentó hasta el año 2006, cuando comenzó a descender hasta 9.4 en 2012, una reducción de 78 %. Durante ese año, el 36 % de los casos reportados fueron importados. La tasa de mortalidad asociada a la malaria se mantiene baja; sin embargo, a pesar de estos resultados positivos, es improbable que se logre la meta y que la incidencia pueda mantenerse por debajo del nivel de 2012, debido al comportamiento cíclico de la enfermedad.

La incidencia de tuberculosis se mantiene alta, aunque la prevalencia muestra una tendencia a la disminución en el largo plazo. Para 2013, la OPS reportó una tasa de incidencia de 42.1, cerca al promedio observado desde 1990. Sin embargo, la mortalidad ha descendido notablemente, de 7.4 a 1.4 en el 2011.

El dengue, por su parte, continúa siendo un serio problema de salud en el país. Los casos nuevos de esta enfermedad registrados anualmente tienden a elevarse a través del tiempo, con brotes de muy alta dimensión.

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Entre 2005 y 2012 el dengue mostró picos epidémicos cada dos o tres años, siendo el más relevante el de 2010, con una tasa de incidencia de 122.6 por 100,000 habitantes. En 2012, la tasa alcanzó 93.6, con una buena proporción de enfermos graves. La mortalidad es alta, particularmente en los casos de dengue de tipo hemorrágico. La tasa total de letalidad asociada al dengue fue 0.7 % en 2012, igual al promedio del período 1997-2012.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

La meta 7.A era incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales e invertir la pérdida de recursos del medio ambiente. En esta meta hubo progreso significativo en ciertos indicadores, pero queda mucho pendiente. Las estimaciones del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales cifran en 39.7 % la proporción de la superficie del territorio nacional cubierta por bosques para el año 2011 (MEPyD, 2014). Esta medición supera las expectativas fijadas en 2003, cuando se esperaba que la cobertura fuera de 35 % para 2015.

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) son otro indicador que lamentablemente creció de manera constante, de 9.5 millones de toneladas métricas en el año 1990 hasta 20.9 millones de toneladas métricas en 2010.

En lo concerniente al control de las sustancias que agotan la capa de ozono, como el bromuro de metilo y especialmente los clorofluorocarbonos (CFC), en 2011 se consumieron apenas 0.5 toneladas PAO1 de CFC, por lo que es probable que en 2015 se haya cumplido la meta.

En tanto a la meta 7.B, haber reducido y ralentizado considerablemente la pérdida de biodiversidad biológica en 2010, se considera que la expansión de las áreas protegidas del país ha sido significativa y ha contribuido a la protección de la biodiversidad, de las fuentes acuíferas y a la captura de carbono. Las zonas protegidas pasaron de 18.9 % de la superficie terrestre en el año 2000 a 25 % en 2011. Las zonas marinas protegidas aumentaron de 4.1 % en 2000 a 9.3 % en 2009, lo que implica un incremento de 127 %. Sin embargo, el manejo adecuado y protección de estas áreas requiere de mayor esfuerzo de las autoridades.

La meta 7.C era reducir a la mitad, para 2015, la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. ENDESA 2007 estimó en 13.9 % la proporción de la población sin acceso al agua potable, una reducción de 58 % respecto al valor registrado en 1991 (33.6 % de la población). La población sin acceso a servicios de saneamiento mejorados pasó de 38.9 % en 1991 a 17.3 % en 2007. Esto equivale a una reducción del 55 %, por lo que puede concluirse que el país ha cumplido la meta 7.C. Se ha logrado un buen avance, pero cerca de un millón de dominicanos todavía carece de acceso a estos servicios básicos.

La meta 7.D consiste en haber mejorado considerablemente, en 2020, la vida de los habitantes de barrios marginales. El indicador escogido para medir el avance en esta meta es el porcentaje de la población urbana que vive en tugurios.2 Para 2009 se estimó que el 14.8 % de la población urbana del país, 1.4 millones de personas, vivía en tugurios, una reducción del 47 % comparado con 1990.

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

Las metas e indicadores de este objetivo se refieren en su mayoría a los compromisos asumidos por los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) con la ayuda oficial al desarrollo y el acceso a los mercados de países en desarrollo.

Respecto de la meta 8.E: proporcionar acceso a los medicamentos esenciales a precios asequibles, en el país no hay estadísticas disponibles sobre este tópico, así que se utiliza el gasto público en medicamentos a precios corrientes. Para el año 2011 este fue $4,811 millones de pesos, equivalente al 8.6 % del gasto público en salud (MSP, 2012). Esto muestra un aumento de 62 % comparado con el año 2010, lo que puede ser indicio de que la tendencia negativa que mostraba el gasto público en salud comenzó a revertirse.

La meta 8.F consistía en dar acceso a los beneficios de las nuevas tecnologías, especialmente las de la información y las comunicaciones. En el país, la adopción de las tecnologías de la información ha sido rauda, aunque se mantienen inequidades en el acceso. En 1990, 4.9 personas de cada 100 disponían de teléfono fijo o celular, proporción que se elevó a 18.7 en 2000 y a 88.8 en 2009. El acceso a la Internet pasó de menos del 1 % en los años 1990, a 45 % en 2012. A pesar del avance en la penetración del Internet, su acceso presenta brechas sociales y geográficas significativas, así como también importantes diferencias en el servicio.

¿Ahora qué?

La Organización de las Naciones Unidas se ha planteado la necesidad de una agenda que concluya la labor de los ODM, garantizando el desarrollo sostenible. Los ODM, aunque quedaron lejos de ser cumplidos, mostraron mayor efectividad que muchas otras iniciativas de desarrollo; eran unos objetivos mundiales, con evaluación periódica.

En diciembre de 2015 se publicó el Informe de Síntesis, en el que se presentan los objetivos de la agenda para el desarrollo post-2015. Los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible surgen de un amplio e incluyente proceso de consulta que se difundió por todo el mundo, en contraste con los ODM, que no fueron consultados con la población mundial. Se celebraron 11 consultas temáticas globales y 88 en países en desarrollo, además de una encuesta global, buscando la participación de las comunidades indígenas, jóvenes, mujeres, grupos LGBT, sector empresarial, personas desplazadas y discapacitadas. Se estima que participó más de un millón de personas en las consultas; la encuesta tuvo cerca de cinco millones de respuestas.

El proceso de generar los ODS fue de negociación plural entre gobiernos, la sociedad civil, los jóvenes, las empresas y otros sectores. Empezando desde el 2012, las consultas regionales trataron de temas que figuraban en los ODM como salud, educación, seguridad alimentaria y nutrición, desigualdad, crecimiento y empleo y sostenibilidad ambiental; pero también incluyeron temas nuevos como agua, energía, gobernanza, dinámicas de población y conflicto y fragilidad.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que abarcan 169 metas, representan una idea mucho más amplia y ambiciosa del desarrollo humano que la que guió los ODM. Los ODS se vinculan integralmente con los retos de la gobernanza y la sostenibilidad y protección del medio ambiente ante la amenaza del cambio climático. Cada objetivo tiene múltiples metas y estas tienen un carácter integrado e indivisible, de alcance mundial y de aplicación universal, pero cada gobierno fijará sus propias metas nacionales, guiándose por la ambiciosa aspiración general, tomando en consideración las circunstancias del país (ONU, 2015).

Se considera importante la vinculación existente entre muchos de los problemas a los que se enfrenta la humanidad, así como la necesidad y posibilidad de hacerles frente de forma integrada y con urgencia; los objetivos se relacionan entre sí y la respuesta mundial debe ser integral, ya que el desarrollo se concibe como un proyecto colectivo de la humanidad.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible

1. Erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo.

2. Poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible.

3. Garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos para todas las edades.

4. Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos.

5. Alcanzar la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas.

6. Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

7. Asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para todos.

8. Fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos.

9. Desarrollar infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación.

10. Reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos.

11. Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

12. Garantizar las pautas de consumo y de producción sostenibles.

13. Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos (tomando nota de los acuerdos adoptados en el foro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).

14. Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para lograr el desarrollo sostenible.

15. Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar de manera sostenible los bosques, combatir la desertificación y detener y revertir la degradación de la tierra, y frenar la pérdida de diversidad biológica.

16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.

17. Fortalecer los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

De acuerdo con la ONU (2015), el seguimiento y evaluación de los objetivos y las metas se llevarán a cabo utilizando un conjunto de indicadores mundiales, que se complementarán con indicadores regionales y nacionales formulados por los Estados Miembros, y con los resultados de la labor realizada para establecer las bases de referencia de esas metas cuando aún no existan datos de referencia nacionales y mundiales. En marzo de 2016 se acordará el marco de indicadores mundiales, que luego será aprobado por la Asamblea General de la ONU. La Agenda exige que el marco sea “sencillo, pero sólido, abarcará todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus metas, incluidos los medios de implementación, y mantendrá su equilibrio político y su carácter integrado y ambicioso”.

Críticas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La principal crítica a los ODS es que el aumento de los objetivos, de 8 a 17, y de metas de 18 a 169, es desmesurado y diluye la capacidad de generar cambios transformativos. Al ser tantas las metas de los ODS, la calidad sufre. Estos críticos consideran los ODS como aspiraciones vagas, que intentan cubrir demasiado terreno, que no hay prioridades entre los objetivos, por lo que las intervenciones no surtirán mucho efecto.

El Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) realizó una evaluación de las metas, encontrando que de 169, solo el 29 % (49 metas) están bien desarrolladas, el 54 % (91 metas) podrían ser más fuertes si fueran más específicas y el 17 % (29 metas) requieren de trabajo significativo para estar bien desarrolladas. Las críticas del ICSU se centran en la consistencia de los ODS con acuerdos y procesos internacionales existentes, la implementabilidad y la medición de las metas. La evaluación concluye que muchas de las metas ODS no son cuantificables y el nivel general de ambición en los cambios expresados en ellas es muy bajo.

La falta de medición, amplitud y vaguedad de los ODS parece contradecir completamente a los ODM, que eran (excepto por el objetivo 8) cuantificables y concisos, concentrados en la pobreza extrema y la salud global.

También se arguye que los ODS son contradictorios. De acuerdo con Hickel (2015), la contradicción fundamental yace en el compromiso de mantener el calentamiento global debajo de 2°C, para lo cual se plantea la necesidad de patrones sostenibles de producción y consumo. Pero el centro del programa de los ODS para reducir la pobreza ‒su objetivo principal‒ y generar desarrollo requiere crecimiento industrial de por lo menos 7 % anual del PIB en los países en vías de desarrollo. Como los ambientalistas recuerdan a un mundo muy lento en cambiar sus hábitos, el crecimiento infinito no es posible.

Así, el contenido ambiental de las propuestas ha sido considerado muy débil. La Campaña por los Objetivos del Pueblo sobre el Desarrollo Sostenible sostiene que los objetivos no son suficientemente detallados y no contienen plazos para detener la pérdida de biodiversidad y avanzar en la lucha contra el cambio climático (Adams y Tobin, 2014).

Otra crítica es sobre el enfoque en la pobreza. Algunos críticos influyentes entienden que el principal desafío del mundo en el siglo XXI es el aumento desmesurado de la desigualdad, que tiene fuertes consecuencias sobre la pobreza. Esta es la opinión de Robert Shiller, premio Nobel de Economía (Vandemoortele, 2015) Consideran que el tratamiento que recibe la desigualdad dentro de los ODS es muy superficial.

Por ultimo está el problema del financiamiento. La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, 2014) estimó que la necesidad de inversión para lograr los ODS en los países en desarrollo podría llegar $3.9 billones de dólares anuales. Los niveles actuales de inversión dejan una brecha de $2.5 billones de dólares anuales que será difícil de cubrir por los gobiernos; se ha discutido la necesidad de luchar contra la evasión fiscal y del aumento de los flujos de ayuda de parte de los países ricos.

Conclusiones

El proceso liderado por la ONU "post-2015" para continuar el trabajo de los ODM está plasmado en la Agenda Post 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El futuro de la agenda de desarrollo depende de los mecanismos e indicadores escogidos para dar seguimiento a las metas, y de la capacidad mundial de canalizar fondos y esfuerzos para lograr las ambiciosas e idealistas metas.

Las críticas apuntan a problemas que deben ser tratados con seriedad. Por ejemplo, es dudoso que se pueda erradicar completamente la pobreza extrema para 2030. En primer lugar, el reto de la pobreza es multidimensional, complejo y íntimamente relacionado con cuestiones de economía, poder y política, no solo algo meramente tecnocrático. En segundo lugar, la definición de pobreza extrema utilizada es “vivir con menos de $1.25 dólares por día”; no hay mucha diferencia entre $1.25 y $1.6 dólares por día, pero una persona viviendo con la segunda cifra ya no sería objeto de los programas ODS, a menos que se tomen precauciones explicitas.

Las cuestiones del desarrollo son difíciles y no hay recetas rápidas ni fáciles. Queda por ver si los ODS contribuirán con gran fuerza al desarrollo de la población mundial, o si los efectos serán negligibles.

Referencias

Adams, B. y Tobin, K. (2014). Confronting Development: A Critical Assessment of the UN’s Sustainable Development Goals.

Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). 2014. Informe sobre las inversiones en el mundo 2014. Invirtiendo en los ODS: Un plan de acción.

Hickel, J. (2015, 8 de agosto). The Problem with Saving the World. Jacobin. Recuperado de https://www.jacobinmag.com/

Jack, A. (2015, 15 de septiembre). Experts divided over value of UN sustainable development goals. Financial Times. Recuperado de http://www.ft.com/

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Organización de las Naciones Unidas. (2015). Reporte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ONU.

Organización de las Naciones Unidas. (2015). Un millón de voces: el mundo que queremos.

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________. ODM 5: Mejorar la salud materna. Santo Domingo: Observatorio Político Dominicano. Recuperado de www.opd.org.do

________. ODM 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Santo Domingo: Observatorio Político Dominicano. Recuperado de www.opd.org.do

________. ODM 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Santo Domingo: Observatorio Político Dominicano. Recuperado de www.opd.org.do


Notas

1. Tonelada PAO es la cantidad de una sustancia, expresada en toneladas y multiplicada por su factor de agotamiento de la capa de ozono, determinado por el Protocolo de Montreal y sus enmiendas.

2. Tugurio es un hogar que carece de una o varias de estas condiciones: tenencia segura, calidad estructural y durabilidad de las viviendas, acceso al agua potable y servicios de saneamiento y espacio suficiente para vivir.