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Incluso en un contexto de crisis económica e inestabilidad política, los diputados dominicanos prefieren en general seguir apostando por la democracia.


Virginia Wall

Víctor Mateo

Santo Domingo, 2 de septiembre de 2013

Introducción

La Universidad de Salamanca realiza desde 1994 la Encuesta de Élites Parlamentarias, en la que recoge "las percepciones y actitudes de los parlamentarios latinoamericanos en 17 países" (http://americo.usal.es/oir/elites/).

Sobre la República Dominicana, contiene series históricas correspondientes a los períodos legislativos 1994-1998, 1998-2002, 2002-2006, 2006-2010 y 2010-2016.

A partir de esos datos, la Unidad del Poder Legislativo del Observatorio Político Dominicano pretende explorar los cambios en las percepciones y actitudes de los diputados dominicanos sobre la democracia.

1. La democracia

Existen muchas definiciones del término democracia. Todas coinciden básicamente en conceptualizarla como aquella forma de organización política en la cual el poder reside en el pueblo.

La Constitución política dominicana del año 2010 deja clara su opción por la democracia desde el preámbulo, en el cual la Asamblea Revisora destaca que sus miembros son representantes del pueblo, elegidos democráticamente. En su artículo 2, la Carta Magna indica que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, de quien emanan todos los poderes. Pero es el artículo 4 que, de manera más expresa, dispone que el gobierno de la nación es esencialmente civil, republicano, democrático y representativo. Más adelante, en el artículo 268, prohíbe de manera expresa cualquier modificación de la Constitución que verse sobre esta forma de gobierno.

El compromiso del país con la democracia rebasa el ámbito local, ya que el Estado dominicano es también signatario de la Carta de la Organización de Estados Americanos. Dicho documento obliga a los Estados firmantes a promover y consolidar la democracia representativa, por considerarla una condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región. La Carta de la OEA va más allá, al considerar la posibilidad de suspender a sus miembros cuando un gobierno democráticamente elegido sea derrocado por la fuerza.

2. La opinión de los diputados sobre la democracia dominicana

2.1. Estabilidad de la democracia

En el año 1994, la opinión de los diputados sobre si República Dominicana contaba con un sistema democrático estable estaba muy dividida: 43.7 % opinó que la democracia dominicana era poco o nada estable. En cambio, otro 53.1 % de los legisladores de la Cámara Baja opinó que el sistema de gobierno era muy estable, o bastante estable.

Se recuerda que las elecciones generales de los años 1990 y 1994 -ganadas por el Dr. Joaquín Balaguer- habían sido objeto de mucha controversia. El profesor Juan Bosch, en 1990, y el Dr. José Francisco Peña Gómez, en 1994, alegaron vehementemente fraude electoral. Los reclamos de 1994 forzaron una salida negociada que conllevó una modificación a la Constitución, con la reducción del período de cuatro años de gobierno de Balaguer a solo dos.

En 1998 se advierte un cambio significativo en la percepción de los diputados sobre la estabilidad de la democracia dominicana: el porcentaje que consideró la democracia como muy estable o bastante estable registró un incremento de 38.2 puntos porcentuales, para alcanzar 91.3 %, mientras que solo 8.7 % la consideró poco estable.

A pesar de las crisis de los años 1990 y 1994, el sistema democrático no colapsó y generó alternativas negociadas que propiciaron un traspaso de mando y cambio de partido en el gobierno. El Partido de la Liberación Dominicana se abrió paso entre el bipartidismo PRSC-PRD y Leonel Fernández se hizo espacio entre los líderes históricos Joaquín Balaguer, Juan Bosch y Peña Gómez. Estos acontecimientos por supuesto influyeron en el cambio de percepción de los legisladores dominicanos.

En los períodos posteriores se aprecia que, a pesar de las fluctuaciones, una mayoría significativa mantuvo la opinión de que la democracia se encontraba en el rango muy estable-bastante estable. Incluso se observa una constante disminución en el porcentaje de diputadosque la perciben como poco estable, reduciéndose a 5 % en el último período encuestado. Estos datos van de la mano con la celebración de comicios con resultados incuestionados a partir de 1998.

2.2. Ventajas del sistema democrático

A los diputados también se les preguntó sobre las posibles ventajas de un sistema democrático. La protección de los derechos y libertades individuales ha sido consistentemente considerada por los legisladores dominicanos como la principal ventaja de la democracia. En ningún período legislativo desde 1994, la Cámara de Diputados ha considerado otro aspecto del sistema democrático más ventajoso que este.

En segundo lugar, la posibilidad de elegir a las autoridades del gobierno ha estado entre las ventajas de la democracia más votadas en cuatro de las cinco encuestas realizadas desde 1994.

El crecimiento económico es otra de las principales ventajas de la democracia para los diputados dominicanos. En los períodos 1998-2002, 2002-2006 y 2006-2010 superó a la posibilidad de elegir como ventaja de la democracia.

Los legisladores, por el contrario, están cada vez menos convencidos de las posibilidades de la democracia en crear igualdad. Mientras 16 % pensaba en 1994 que la democracia propiciaba igualdad de oportunidades, solo 4.2 % opinó lo mismo en 2010.

Las ventajas menos valoradas del sistema democrático fueron la resolución pacífica de los conflictos y la posibilidad de participar en la política mediante partidos políticos. No obstante habría que observar que la última variable pasó de una valoración de 2.0 % en 1994 a 5.3 % en 2010.

2.3. Democracia vs. autoritarismo

Preguntados sobre si la democracia es preferible a otras formas de gobierno, los legisladores de la Cámara de Diputados han mostrado de manera constante y persistente su preferencia por la democracia en porcentajes que sobrepasan el 95 %.

Incluso en un contexto de crisis económica e inestabilidad política, los diputados dominicanos prefieren en general seguir apostando por la democracia. En 2010, solo 2.7 % dijo que apoyaría un gobierno autoritario si el país se encuentra en crisis económica e inestabilidad política, un descenso en relación a 1998, cuando 4 % dijo que lo apoyaría.

Tablas anexas