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Omar Alejandro Pérez
Investigador Asociado

 

Reporte especial del OPD-FUNGLODE para HOY

En las 14 elecciones presidenciales celebradas a partir de la caída de Trujillo, no solo ninguna mujer ha sido electa como presidente de la República, sino que ninguna ha sido candidata reconocida. En este período, la Junta Central Electoral (JCE) oficializó y terciaron efectivamente un total de 48 candidatos distintos a la presidencia de la República. Pese a varios intentos, ningún partido reconocido ha nominado hasta ahora a una mujer a la presidencia. El dato es aún más sorprendente si se considera que 55 partidos legamente distintos han terciado en esas 14 elecciones, sumando un total de 199 participaciones de partidarias reconocidas por el órgano electoral.

Esto no quiere decir que ninguna mujer haya aspirado a la Presidencia. Por ejemplo, Milagros Ortiz Bosch, primera mujer en ser electa como vicepresidenta de la República, ha competido internamente en por la candidatura presidencial, Ana Inés Polanco ha tratado inscribir una candidatura independiente y Margarita Cedeño, actual vicepresidenta de la República, previo a 2012, se vislumbró como una candidata plausible para encabezar la boleta electoral en ese certamen y nada quita que lo sea en un futuro. Sin embargo, pese a las aspiraciones femeninas, hasta ahora, todas las candidaturas a la jefatura del Estado han sido efectivamente sostenidas por hombres.

Esta realidad reitera que pese a los avances en el marco de las cuotas de género susceptibles de ser aplicadas a candidaturas plurinominales, como las diputaciones y las regidurías, en el caso de los cargos ejecutivos (que son uninominales) la barrera está pendiente aún de romperse. Siendo así, el anunció del partido Alianza por la Democracia (APD) de que postularía a presidencia a la diputada Minerva (Minou) Tavárez Mirabal sería un esperado avance a más de 50 años de la dictadura trujillista.

Aprestos formales respecto a las candidaturas femeninas

La Ley 275-97 incluyó por primera vez una cuota de género, estableciendo que un mínimo del 25% de las candidaturas congresuales y municipales presentadas a la JCE debería estar compuesto por mujeres. La Ley 12-00 modificó la anterior, elevando el porcentaje a 33%. Nótese que esta cuota no aplica a senadurías ni a alcaldes y alcaldesas por su naturaleza uninominal.

Por su parte, la ley 13-00, que modifica la antigua Ley Municipal 3455, estableció que cuando los partidos presenten un candidato a alcalde (síndico, hasta 2010) debían postular una vicealcaldesa y viceversa, cuando presentaran una candidata a alcaldesa, debían postular un candidato a vicealcalde. Esta disposición fue mantenida en la vigente Ley del Distrito Nacional y los Municipios, no. 176-07.

No obstante, si bien se han verificado ligeros avances en las candidaturas plurinominales legislativas y municipales, en el caso de los cargos uninominales y en nuestra cultura política la realidad no parece animarse a ir mucho más allá de lo que a ley prescribe. Mientras en la actualidad existe un debate sobre el paso de una cuota de género a la paridad, estableciendo que no más del 50% de las candidaturas a vocales, regidurías y diputaciones puedan ser compuestas por personas del mismo sexo y que una lista cerrada debe garantice que el resultado de la elección sea muy similar, en el caso de los ejecutivos locales pareciera existir poco que hacer más allá del incentivo a un cambio cultural dentro y fuera de los partidos.

Tómese como ejemplo las elecciones de 2010. En ellas, 89% de las candidaturas a alcalde fue ocupada por hombres y 11% por mujeres. A la inversa, las candidaturas de vicealcaldesa fueron un total de 89%, y a vicealcalde un total de 11%. Es decir, independientemente del procedimiento utilizado por los partidos para la escogencia de candidatos (primarias, asambleas de delegados o designación desde arriba) las candidaturas evidenciaron desproporcionalidad enorme del lado masculino. A la vez, como resultado de las elecciones, las alcaldías quedaron compuestas en 92% por alcaldes y en 8% por alcaldesas y lo inverso para el caso de las vicealcaldesas y vicealcaldes.

En suma, pese a los avances recientes en materia de participación femenina, cuando se trata de cargos ejecutivos de naturaleza electiva las mujeres han quedado relegadas a las figuras de “vice”, posición totalmente subordinada al representante del ejecutivo local en estrecha similitud con la escala nacional o presidencial.

Las candidatas a la vicepresidencia

El cargo de vicepresidente o vicepresidenta de la República constituye el segundo cargo electivo en importancia. Es así porque quien lo ocupe está llamado o llamada a ocupar la jefatura del Estado si el presidente o presidenta faltare. Además, en términos de carrera política puede suponer un paso adelante en la búsqueda de la Presidencia. Por ejemplo, de los 6 presidentes electos a partir de 1978 (Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Joaquín Balaguer, Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina) 3 habían sido candidatos vicepresidenciales de su partido previamente (Fernández, Mejía, Guzmán). A la vez, Jacobo Majulta llegó a la jefatura del Estado por el ser el vicepresidente a la muerte de Antonio Guzmán.

Considerando lo anterior, queda evaluar la proporción que han representado las candidatas a la vicepresidencia en las elecciones por ese puesto. Debe tomarse en cuenta que todas las constituciones del período (desde la promulgada por el Consejo de Estado en 1962 hasta la actual) han establecido que el vicepresidente es “elegido en la misma forma y por igual período que el Presidente y conjuntamente con éste”, es decir, es arrastrado por el candidato presidencial.

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Nota*: Hay diferencia entre la cantidad de 75 candidatos únicos que se citó más arriba y la suma de los candidatos postulados por elección (85) que sirve para obtener los porcentajes señalados en este gráfico. Esto se debe a que 7 candidatos participaron en más de una ocasión. A la vez, solo se consideran fórmulas presidenciales y vicepresidenciales confirmadas, por ejemplo, no se toma en cuenta la formula del Partido Revolucionario Dominicano Auténtico (PRDA) en 1962, rechazada por la Junta Central Electoral (JCE) luego de imprimidas las boletas.

Las elecciones 2004, son las de mayor número de candidaturas femeninas a la vicepresidencia, con 4. No obstante, en ellas hubo un total de 11 candidatos y candidatas, mientras en 2012 solo hubo 6; de ahí que las 3 candidatas de 2012 constituyan la proporción de candidaturas femeninas al cargo en unas elecciones, como muestra el gráfico.

Perspectivas

Hasta ahora, el país tuvo 13 candidatas a la vicepresidencia de la República, 2 de ellas fueron electas en esos cargos: Milagros Ortiz Bosch (PRD) y Margarita Cedeño de Fernández (PLD). Ambas son hitos históricos, considerando que ante la ausencia temporal de los presidentes que acompañaron ha asumido efectivamente la jefatura del Estado en forma interina. A la vez, todas las 13 constituyen pasos adelantes en sentido de equilibrio en la representación del pueblo en el poder ejecutivo y la competencia abierta que en busca de ostentar dicha representación debe darse. No obstante, es en el plano de la actuación principal, la Presidencia, que más de 50 años de elecciones post dictadura reclaman.

Acorde a datos presentados en el informe Cultura política de la democracia en república Dominicana y en las Américas (2015)”, la idea entre la población dominicana de que la mujer debe participar igual que el hombre en la política pasó de poco más de 50% en 1994 a alrededor de 80% en 2014. Es en este contexto que la candidatura de Minou Tavárez Mirabal supone un paso adelante. Por primera vez una mujer aparecería en todas la boletas presidenciales del país e, Independientemente de que su candidatura se presente por la APD, el partido menos votado en 2012 (5,066 votos; 0.11%), una candidatura femenina, 55 años después de la dictadura clama no solo un aplauso, sino también un “ya era hora”